Volvimos al mismo sector de araucarias que recorrimos en otoño, entre Coihueco y el límite sur del parque. La idea era simple: comparar lo que anotamos en la primera visita con lo que encontramos ahora, después de un verano seco y de dos temporadas de tala selectiva acordada con la comunidad. No todo salió como esperábamos, y eso es justamente lo que vale la pena contar.
En la revisión inicial marcamos 46 renovales de pehuén en una franja de 200 metros. Esta vez contamos 31. La diferencia no es dramática si se mira el total del rodal, pero el patrón sí llama la atención: los faltantes se concentran en el borde expuesto al noroeste, donde el suelo queda más suelto tras el pastoreo de verano.
Hablamos con dos puesteros de la zona. Coinciden en que el ganado suelto entra por un portillo que no estaba señalizado en el mapa que usamos la primera vez. Ese solo dato reordena la prioridad: antes de discutir cercos nuevos, conviene cerrar el acceso que ya existe y que nadie estaba mirando.
La quema prescrita que se hizo a fines de marzo dejó una franja de material fino reducido casi a ceniza. En la visita anterior esa zona era un colchón de acículas secas de casi diez centímetros. Ahora el suelo se ve, y eso cambia por completo el comportamiento que tendría un foco en pendiente.
El brigadista que nos acompañó lo resumió sin vueltas: "acá ya no hay combustible para una carrera de copas". No es una garantía, pero es un cambio medible. Anotamos también que la regeneración de lenga en el mismo sector arrancó antes de lo previsto, algo que no aparecía en los informes técnicos que revisamos.
El sistema de reservas por tramos horarios que se probó este año funcionó mejor de lo que esperaban los guardaparques. La mayoría de los visitantes respetó el horario asignado y las pasarelas nuevas aguantaron sin problemas el tránsito de temporada alta.
El problema apareció en otro lado: varios guías locales se quejaron porque los cupos se liberan con poca anticipación y eso les complica armar grupos. Es un detalle administrativo, no de conservación, pero afecta directamente a quienes viven del turismo sustentable en la zona. Vale la pena que la próxima revisión incluya esa variable.
Antes de volver, vamos a pedir el registro de ingresos de ganado de los últimos seis meses y una copia del plano actualizado con los portillos. También queremos medir de nuevo la franja quemada, esta vez con brújula y no solo a ojo, para tener una referencia comparable.
La lección de esta segunda visita es sencilla: la primera revisión sirvió para ubicarnos, pero los cambios reales recién se ven cuando uno vuelve con las mismas preguntas y algunos datos nuevos. Si querés seguir el hilo de estas salidas, en la sección de notas están las anteriores, y para consultas puntuales podés escribirnos desde contacto.
Los temas de bosque andino y araucarias se siguen mejor con alguien que camina el terreno, no solo con despachos de agencia.
Victor Mendoza Jimenez cubre desde hace años la franja cordillerana entre Neuquén y el sur de Mendoza. Empezó documentando cuadrillas de incendios en Aluminé y hoy reparte su tiempo entre el trabajo de campo en los parques nacionales, el seguimiento de políticas de conservación y las conversaciones con comunidades que viven del bosque. Escribe sobre lo que ve: rodales de pehuén que se recuperan, senderos que se saturan en temporada, guardaparques que hacen malabares con presupuesto corto.
Este post retoma lo que quedó pendiente después de la primera revisión de la temporada: qué cambió en los protocolos, qué se sostuvo y qué se volvió a discutir. Si querés contrastar con el material previo o escribir con un dato concreto, estos son los caminos.